viernes, 19 de febrero de 2016

Títeres de cachiporra, de Federico García Lorca

Federico García Lorca, ese rojo y peligroso masón que anticipó los títeres de cachiporra. En pleno siglo XXI, la fiscalía pide varios años de cárcel para dos titiriteros por emular al gran dramaturgo y poeta asesinado en la Guerra Civil


Títeres de cachiporra es el nombre popular que reciben en España los muñecos de guante del teatro de guiñol, con antepasados en la Comedia del arte como Pulcinella o en sus hermanos septentrionales (Guiñol, Punch y Kásperle). El origen de este nombre lo dio la porra o cachiporra con la que el protagonista de las historias se defiende o ataca a sus contrincantes en escena.

Con esa denominación, en castellano, de "títeres de cachiporra", uno de los más populares fue el que Federico García Lorca describió en el Retablillo de Don Cristóbal, dándole valor literario, que en esta tradición titiritera recuperaba la figura de Cristóbal Polichinela, Cristobica o Cristobita.

Don Cristóbal es un adinerado bruto y malencarado, siempre con la cachiporra en mano, que busca una chica joven y guapa para desposarla (casarse con ella). Sus deseos coinciden con los de la madre de Doña Rosita, que aspira a encontrar un buen pretendiente para su hija. Llegados a ese punto, ambos acuerdan llevar a término sus fines, para desgracia del resto de personajes. Rosita, sin embargo, logra engañar a su ya marido y tiene encuentros con sus amantes, hasta dar a luz a cinco hijos, que reclama que son de Don Cristóbal. Éste, enfurecido, la emprende a golpe de porra con madre e hija. Pero ese será solo el principio de una larga trama de despropósitos, cachiporrazos y gritos.


¡¡Libertad sin cargos para los titiriteros!!

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