miércoles, 17 de octubre de 2012

Conferencia sobre la eficacia - François Jullien

 

"Mi trabajo se inscribe, en efecto, en esa línea: vengo de Grecia, en tanto filósofo, y al pasar por China encuentro un punto que me permite tomar distancia y poner en perspectiva nuestro pensamiento, el europeo. Porque, como saben, una de las cosas más difíciles de hacer en la vida es tomar distancia respecto del propio pensamiento. Ahora bien, China nos permite tomar distancia del pensamiento del que venimos, romper con sus filiaciones e interrogarlo desde afuera. Dicho de otro modo, interrogarlo en sus evidencias, en lo que tiene de impensado. Desde mi punto de vista, este paso por China tiene dos funciones, o se desarrolla en dos direcciones: de desvío y de retorno. Primer momento: experimentar lo que tal vez sea un desarraigo del pensamiento. ¿Qué le sucede al pensamiento cuando se abandona la historia de la filosofía y, en especial, cuando se abandonan los grandes filosofemas de Occidente, el Ser, Dios, la Libertad, etc.? ¿Y, más aun, cuando salimos de la gran lengua indoeuropea que los ha articulado? ¿Cómo es esta conmoción que de repente, de golpe, los desestabiliza? Pero este desvío reclama un retorno -incluso si el desvío nunca termina, puesto que yo no dejo de leer chino-, que consiste en volver a la filosofía para interrogarla acerca de lo que ella no interroga, sondear sus posiciones cristalizadas. Es decir, iluminar sesgadamente, a partir de la exterioridad china, las elecciones implícitas, establecidas, que han guiado a la razón europea y que ella, por eso mismo, no está en condiciones de interrogar, puesto que existe lo que pienso, pero también eso a partir de lo cual pienso y que, por ese motivo, no pienso. China nos permite así una especie de visión exterior, que opera de manera oblicua, para tratar de explorar lo impensado de nuestro pensamiento: para volver sobre aquello que nuestro pensamiento considera como algo evidente y que, redescubierto desde ese exterior chino, se percibe de nuevo como algo sorprendente, fascinante, que nos da material para reflexionar. Ya lo han comprendido entonces: no voy a China por la fascinación de la distancia o el gusto por el exotismo, recurro a ella como un operador (y un revelador) teórico con la intención de inquietar el pensamiento, de abrirle otros ámbitos posibles para, a partir de allí, poder relanzar la filosofía". 


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